NUESTRO COLEGIO

Nuestra historia e identidad

HISTORIA

El Colegio Don Bosco-Salesianos de León, fundado en 1969, es un Centro Educativo que aúna tradición y futuro, con espíritu innovador. Un Colegio donde los jóvenes se educan en un entorno próximo y cercano. Profesores comprometidos, las mejores instalaciones y los valores que caracterizan a los Salesianos: acogida, cercanía, calidad educativa y desarrollo integral de la persona.

IDENTIDAD

LA ESCUELA SALESIANA

Nuestra escuela promueve la educación integral del alumnado de acuerdo con una concepción cristiana del hombre, de la vida y del mundo según el estilo de San Juan Bosco, y los prepara a participar activamente en la transformación y mejora de la sociedad.

La escuela salesiana:

– es una escuela popular por el clima educativo que crea y porque da preferencia a los ambientes y jóvenes más necesitados;

– es una escuela libre y abierta, defiende los derechos de la familia y de la Iglesia, y acoge a cuantos están dispuestos a emprender un camino de liberación total;

– es una escuela de “tiempo completo”, y alterna el trabajo y el estudio con actividades artísticas, recreativas, culturales, religiosas, sociales, etc.;

– es una escuela en la que los educadores y educadoras están disponibles para acompañar al alumnado en sus actividades formativas y en su diversión, y para compartir con él sus ilusiones y sus problemas;

– es una escuela evangelizada y evangelizadora, en la que el desarrollo personal es seguido con respeto y los miembros de la Comunidad Educativa tienen ocasión de conocer y amar a Jesucristo.

En el marco del pluralismo escolar que caracteriza a nuestra sociedad, la Escuela Salesiana se siente corresponsable y solidaria con todas las demás escuelas del país.

EL ESTILO EDUCATIVO DE NUESTRA ESCUELA

En nuestra acción educativa adoptamos el estilo heredado de Don Bosco, que se caracteriza particularmente por estos rasgos:

– El criterio preventivo, por el cual hacemos propuestas de experiencias positivas de bien y desarrollamos en los jóvenes actitudes que les permitan superar las situaciones que les toca vivir.

– El ambiente educativo, que debe distinguirse por el espíritu de familia, el clima de alegría y el sentido de la fiesta, la invitación a la creatividad y la dedicación ilusionada al trabajo de cada día.

– La relación educativa personal, basada en la familiaridad y la confianza, y hecha de simpatía hacia el mundo de los jóvenes y de capacidad de acogida y diálogo.

– La presencia-convivencia entre los jóvenes, por parte de los educadores y educadoras, que participan en su vida, animan sus iniciativas y les ofrecen elementos de continua maduración.

– La experiencia asociativa entre nuestro alumnado, como respuesta a exigencias juveniles de comunicación y de convivencia, como mediación entre el individuo y la comunidad, y como propuesta y experiencia de compromiso humano y cristiano.

– “Razón-Religión-Amor”, es decir, el recurso a las fuerzas más profundas y personales de cada alumno/a: la razón, el afecto y el deseo de Dios.

En la Escuela Salesiana favorecemos también la vivencia cristiana, y en concreto la celebración gozosa de la fe, porque la fe tiene una dimensión de gratitud y de fiesta (Eucaristía), y la espiritualidad mariana, que es espiritualidad de sencillez, discreción, amor confiado a Dios y entrega incondicional a la persona humana.

NUESTRO MODELO DE PERSONA

Nuestra Escuela quiere proporcionar a nuestros alumnos y alumnas una EDUCACIÓN INTEGRAL, entendida como la acción educativa que favorece el despliegue armónico y progresivo de todas las dimensiones que configuran la persona.

La dimensión intelectual: para desplegar y organizar sus capacidades cognitivas, ejercitar y fortalecer su inteligencia de manera que pueda asimilar los conocimientos necesarios y afrontar con éxito cualquier situación o problema.

La dimensión física: aceptando y cuidando el propio cuerpo, potenciando las habilidades físicas y motoras, y adquiriendo hábitos de vida sana y gusto por la actividad física.

La dimensión afectiva: para promover la autoestima, alcanzar el equilibrio personal y establecer unas relaciones (de familia, de amistad, de trabajo, de pareja…) que contribuyan a la propia realización y a la realización de las personas con las que se trate.

La dimensión social: tomando conciencia de pertenecer a unos determinados grupos sociales y de las exigencias que ellos comportan; cooperando desde las propias convicciones y desde el respeto a las convicciones de los demás a la construcción de un mundo más justo y más humano.

La dimensión estética: cultivando la sensibilidad por la belleza y por sus diferentes manifestaciones naturales, artísticas y culturales.

La dimensión ética: para adquirir la capacidad de analizar y asumir los valores morales de la sociedad con espíritu positivo y constructivo y llegar a la elaboración de una escala de valores propia que favorezca la configuración de la persona y su aportación activa a la sociedad.

La dimensión transcendente: potenciando el dinamismo espiritual, comprometiéndose en la búsqueda de soluciones personales a las cuestiones y preguntas sobre el ser humano y la sociedad, sobre el pasado y el futuro, sobre el sentido de la vida, de la historia, del mundo… y abriéndose al hecho religioso y a la transcendencia como posibilidad de una realización personal más rica y plena.